14 Jun, 2005

La Fiscalía presionada

Tengo la sensación de ser un periodista poco dudoso y quienes me conocen saben sobradamente cuáles son mis virtudes y mis defectos. Por lo tanto, o me creen o no me creen, me consideran o me desconsideran, me valoran o me desprecian. Muero por la gente honrada, sincera y valiente, la que no renuncia a sus postulados porque un poder fáctico les obligue aceptar otras creencias. Creo en los hombres de palabra, de criterio y de bien. Para ir al grano, les diré que hace muchos años, Ángel Villar se negó a aceptar las presiones mediáticas y empresariales de un grupo de señores que han confundido España con su feudo, con su cortijo universal. Villar no se plegó a la perversión de cortar “el partido de los lunes”(que daba Antena 3 TV) y se negó a recibir sin testigos a un señor que entrega sus días a la confabulación partidista, al compadreo político y a la mafia financiera. El fútbol se enfrenta ahora a su propia identidad. La presión de determinados medios, muertos por el interés económico que despierta el balompié, para cargarse a Ángel Villar y poner en su sitio a un monigote que se presta a cualquier cosa por dinero o venganza, se me antoja chabacana, cruel, golfa, pervertida, atracadora y traicionera. Considero que las agobiantes presiones sobre los órganos de justicia pueden llegar a distorsionar la sensación de equidad que deben merecernos los tribunales. Los fiscales no pueden ser usados como arma arrojadiza sino que debemos esperar de ellos y exigirles la máxima profesionalidad. Villar ha sido un presidente extraordinario. Los que saben lo que significa la traición del ser más próximo entenderán que al presidente se lo quieren cargar los que menos razón tienen para ello. El fútbol quiere a Villar. Dejemos que el fútbol decida sin que un empresario mediático mande sus tropas periodísticas para convertir el fútbol en otro Irak de nuestro deporte.