Ayer, en la Asamblea General de la Real Federación Española de Fútbol, se habló de muchas cosas. Una de ellas, fue el compromiso que los hombres de esta gran familia acreditan cada día. Si el fútbol español ha triunfado ha sido por el compromiso adquirido por quienes dirigen y trabajan en esta gran empresa, integrada por personas de diversas y variopintas procedencias, ideologías y credos. Una amalgama compleja de miles de seres humanos que han sabido renunciar a lo individual en beneficio de lo colectivo.
Hace tiempo que el fútbol hubiera sufrido para subsistir de no haber sido por el esfuerzo, la dedicación y el orgullo de pertenencia que muchas personas pusieron para que todo fuese mejor. Desde los clubes más modestos a los más grandes, cuidando las secciones inferiores, hasta las diversas Selecciones Nacionales en las que se ha cuidado con mimo y con cariño la panificación y el desarrollo, todos juntos, unidos en un mismo empeño, nos hemos visto recompensado con la llegada masiva de éxitos. Pero no conviene olvidar que primero conocimos el ayuno y la abstinencia de victorias, de momentos agradables. Tan sólo teníamos la esperanza de pasar de cuartos y soñábamos con tener algún día un Pelé, un Cruyff o un Di Stéfano. El resto era pobreza.
Las grandes empresas, y el fútbol una de las mayores del mundo, solo encuentran el éxito si mezclamos sacrificio, coraje, conocimiento y buena voluntad. En los momentos difíciles aparecen las personas, sobre todo las personas de valía, esas mismas a las que ayer se refirió Alejandro Blanco, presidente del COE, como “las personas del compromiso”. Los españoles hemos sentido de corazón la labor de nuestros dirigentes y futbolistas, de médicos, utilleros, preparadores físicos y entrenadores porque todos son igual de importantes. En colectivo, el sentimiento que nos une es el camino que nos lleva a superar las dificultades y a la victoria final. Por eso triunfan aquellos colectivos que saben aceptar el compromiso y el orgullo de pertenencia. El fútbol lo ha demostrado. La vida cotidiana, también. Basta mirar a nuestro alrededor.