27 Feb, 2012

Sandoval

Los entrenadores de equipos modestos suelen merecer un espacio en el periódico sólo cuando están punto de ser despedidos. Sin embargo, llevo tiempo siguiendo el trabajo de este hombre y me ha ido sorprendiendo al mismo tiempo que ganando. Por su naturalidad y su carácter humilde, por su capacidad para entender el fútbol de un equipo que se codea con los grandes y que responde a una idea, bien merece una reflexión.

Lo primero que advierte un espectador profesional cuando ve jugar al Rayo es que se encuentra ante un grupo bien trabajado y bien tratado. En orden a un concepto positivo del juego, Sandoval ha conseguido un estilo. Lo sustenta en un pensamiento atacante y ganador, en la ausencia de complejos y en la extraordinaria solidaridad del grupo. Maneja una brigada sin estrellas en la que brilla la disciplina táctica, el trabajo de la estrategia, una excelente preparación física y altísimos niveles de concentración. El talento y los recursos individuales pertenecen a cada futbolista.

Este entrenador, alejado de todos los salones de la fama, que podría ser el vecino del tercero o el director del banco de la esquina, canaliza toda su energía para transmitir una idea clara, concisa y categórica. No renuncia a ella en ningún sitio, lo que entraña una coherencia elogiable, y dirige un ejército al límite de sus posibilidades.

Lo escribo hoy porque no importa que haya perdido para juzgar su trabajo previo y el desarrollo colectivo de sus intenciones. Con una idea bien trabajada y con fe en ella, se puede llegar lejos. Sandoval es un claro ejemplo. Y un buen entrenador. Lo celebro.